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6 años sin beber

6 años sin beber

Historia enviada por Anónima el 27 de Enero de 2017
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6 años sin beber

La celebración de este sexto aniversario sin beber se me hace un tanto extraña. Me siento diferente que en años anteriores, y creo que es porque ya la sobriedad se ha asentado en mi mente de una manera definitiva. Ya no me parece un reto tan grande. Celebrarlo me llega a parecer hasta ostentoso.

No beber alcohol se ha convertido en un pequeño detalle de mi vida. Para mi es ahora algo absolutamente normal. Si me hubieran dicho varios días antes de dejar de beber que iba a estar libre de alcohol durante los próximos seis años me habría reído sin parar, o me hubiera dado tanto miedo que me hubiera desmayado de la impresión.

Por aquel entonces beber para mi era algo normal. Era mi motivación, mi tormento, mi alegría, mi alivio, mi dolor y mi risa. Y no tenía la sensación de estar haciendo nada malo con lo que estaba haciendo. Los bares estaban llenos de gente haciendo exactamente lo mismo que yo, por lo que, ¿por qué preocuparme?

Sin embargo, en algún momento de la vida todo el mundo se ve obligado a enfrentarse a sí mismo. Ese punto llegó para mí cuando básicamente no me quedó otra elección. Tenía que elegir entre dos opciones, o enfrentarme a una realidad que por entonces me producía mucho dolor o adormecerla con el alcohol. Tuve que tomar una decisión, y elegí enfrentarme a mí misma.

La elección de enfrentarnos a nosotros mismos trae consigo una gran sensación de libertad, sin embargo nos enfrenta al mayor desafío de nuestras vidas. El desafío del cambio.

No tenía nada que perder. Cualquiera de las dos elecciones era dolorosa. La única diferencia es que dejar de beber y enfrentarme a mi dolor me llevaría a alguna parte. La otra opción era seguir anestesiando mi dolor, que era lo mismo que irlo alimentando, lo cual significaría tener que anestesiarlo más y más hasta un fin cada vez más próximo.

La anestesia que nos produce el alcohol es peligrosa. Te hace sobrellevar el dolor, pero a cambio te convierte en un completo idiota. ¿Quién quiere vivir así? Eso no es vivir. Es mantener la existencia. Todo parecía tener un sentido, servir a un propósito. Todo excepto yo, que me limitaba a vivir en una burbuja que no servía para nada excepto para autodestruirme.

Quería algo más que la mera existencia, y ahora lo tengo.

Pero la sobriedad es mucho más que una abstinencia del alcohol. Si fuera eso, estaría contenta simplemente con celebrar aniversarios, con ir acumulando días como sinónimo de éxito. Sin embargo la sobriedad para mí tiene que llevar implícita la alegría, si no, no merecería la pena.

El éxito de mi sobriedad se define por lo que hago con ella. He llenado los días con propósitos, con pasiones. Mis hijos, mi pasión por ayudar a otros y mi propio desarrollo personal es lo que mueve mi vida en la actualidad. En resumen, la liberación es el centro de mi vida.

El impulso que he creado hacia adelante me separa de mi pasado hacia la liberación. Estoy agradecida por ello, pero nunca olvidaré lo difícil que fue el pasado.

Los aniversarios eran importantes para mi porque eran algo que me definían. Era una alcohólica viviendo en sobriedad. Ahora soy una mujer fuerte, compasiva, empática y feroz que no bebe alcohol.

Soy la mujer que solía admirar y que aspiraba a ser.

¿Podría haber llegado a ser lo que soy sin haber eliminado de mi vida la anestesia del alcohol?

Absolutamente no.


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1 Comentario

  1. Muchas gracias Anónima por compartir tu historia con nosotros. Es cierto lo que comentas que en las primeras fases de sobriedad nos convertimos en meros coleccionistas de horas, días, semanas, meses y ojalá años de vida sin alcohol. Entiendo que eso no debe ser el futuro, pero estoy convencido que estarás conmigo en que es un paso importantísimo e imprescindible para poder superar la adicción.
    Muchas gracias y enhorabuena.

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